Centre Sukha

Hablar de neurodivergencia en salud mental no es solo hablar de diagnósticos o tratamientos médicos. Es abrir una ventana a las diferentes formas en que las personas piensan, sienten y se relacionan con el mundo. El Trastorno por Déficit de Atención e
Hiperactividad (TDAH) y el Trastorno del Espectro Autista (TEA) no son solo etiquetas médicas: nos recuerdan que la mente no sigue un único camino, sino que puede expresarse de muchas maneras (Singer, 1999).

Este enfoque, cada vez más presente en psicología, nos invita a dejar de ver las diferencias neurológicas como errores o trastornos y empezar a reconocerlas como parte de la diversidad humana. En la práctica clínica, este cambio significa pasar de intentar “corregir” síntomas a comprender a la persona en su forma única de ser.

neurodivergencia

MIRAR LA DIFERENCIA COMO RIQUEZA

El término neurodivergente, acuñado por Judy Singer en los años 90, nació del movimiento por los derechos de las personas con discapacidades invisibles. Desde entonces, se ha convertido en una idea clave: condiciones como el TDAH y el TEA no son fallos del cerebro, sino formas legítimas de ser humano (Singer, 1999).
Este cambio de mirada ha impactado mucho en la psicología infantil y juvenil, donde detectar pronto y acompañar con respeto es esencial. Reconocer la diferencia como riqueza significa que el psicólogo no solo busca dificultades, sino también fortalezas
cognitivas y emocionales que pueden convertirse en recursos para el bienestar (Barkley, 2014).

TDAH: ENTRE LA IMPULSIVIDAD Y LA CREATIVIDAD

El TDAH afecta a entre un 5–7% de los niños y suele continuar en la vida adulta. Se caracteriza por problemas para mantener la atención, impulsividad y, a veces, exceso de movimiento (hiperactividad). Pero su forma de aparecer es muy variada y depende del
contexto, el género y la edad. 

Desde la mirada neurodivergente, se valora no solo lo que cuesta, sino también lo que aporta: creatividad, pensamiento original y capacidad de ver conexiones inesperadas (Barkley, 2014). Las intervenciones más útiles combinan información clara para la familia, entrenamiento en habilidades de organización y, en algunos casos, medicación adaptada a cada persona (Moisés de la Serna, 2025).

Este enfoque nos invita a preguntarnos: ¿qué significa realmente “funcionar” en la vida diaria? ¿Es solo mantener la atención en tareas largas, o también lo es tener ideas originales?
La clínica que abraza la neurodivergencia reconoce que ambas cosas son valiosas y que el objetivo no es eliminar la impulsividad, sino darle un sentido útil.

TEA: DE LA NORMALIZACIÓN A LA INTERVENCIÓN FUNCIONAL

El TEA se manifiesta en dificultades para comunicarse socialmente y en conductas repetitivas o muy centradas en intereses específicos. Su detección ha aumentado en los últimos años gracias a criterios más amplios y mejores herramientas (Maenner et al., 2020).
Hoy se busca alejarse de modelos que intentaban “normalizar” o “criminalizar” la conducta autista. En su lugar, se prioriza comprender cómo piensa la persona, respetar sus intereses y ofrecer apoyos prácticos. Terapias como el modelo Denver han mostrado buenos resultados, sobre todo si se aplican pronto y de manera personalizada (Dawson et al., 2010). También la terapia cognitivo-conductual adaptada ayuda en la regulación emocional y las habilidades sociales (Revista Ocronos, 2024).
La idea es clara: intervenir no significa forzar al paciente a parecerse a los demás o eliminar las conductas que lleva a cabo, sino acompañarlo en la construcción de un bienestar que tenga sentido para él. Validar sus intereses, respetar sus rutinas y darle herramientas para autorregularse son formas de dignificar la diferencia.

RETOS QUE INVITAN A CAMBIAR

Atender a personas neurodivergentes plantea retos importantes que obligan a revisar los modelos tradicionales. Uno de ellos es evitar convertir en “problema” conductas que forman parte de su perfil, como la necesidad de rutinas, la hiperconcentración o la sensibilidad a ciertos estímulos (Singer, 1999; Bloom Healthcare, 2025).
Otro reto es la falta de formación de muchos profesionales en enfoques de neurodiversidad. Aunque el interés crece, todavía faltan herramientas para adaptar las intervenciones a las necesidades de personas con TDAH o TEA (Revista Sanitaria de Investigación, 2024). Esto puede llevar a tratamientos poco útiles o incluso dañinos si se intenta forzar la adaptación a normas neurotípicas.
También existe el riesgo de diagnósticos equivocados o tardíos, especialmente en mujeres y adultos, que a menudo esconden o camuflan sus síntomas. En el caso del TEA, muchas mujeres reciben un diagnóstico adecuado solo en la edad adulta, lo que dificulta el acceso temprano a apoyos (Maenner et al., 2020).

OPORTUNIDADES PARA UNA PSICOLOGÍA MÁS HUMANA

Estos retos también abren oportunidades. Una de ellas es redefinir los objetivos de la terapia: pasar de la “normalización” a la búsqueda de bienestar y funcionalidad. Esto implica trabajar con la persona para identificar sus propias metas, respetar sus intereses y
fomentar su autonomía (Psicología y Mente, 2025).
Otra oportunidad es la colaboración entre distintos profesionales y la familia. Trabajar juntos permite crear entornos más comprensivos y adaptados, lo que mejora mucho los resultados (Dawson et al., 2010). Además, las tecnologías digitales —como apps de
seguimiento emocional o plataformas online— facilitan la personalización del tratamiento y el acceso a recursos en lugares con menos opciones (Moisés de la Serna, 2025).
Finalmente, este enfoque invita a los profesionales a revisar sus propios prejuicios y ampliar su mirada. Reconocer la diversidad neurológica como parte legítima de lo humano promueve una psicología más ética, inclusiva y centrada en la persona (Revista
Ocronos, 2024).

La neurodivergencia no es una moda ni una etiqueta más: es una invitación a repensar cómo entendemos la salud mental. En el caso del TDAH y el TEA, el enfoque clínico debe unir el rigor científico con la sensibilidad ética, reconociendo tanto las dificultades
como las capacidades de quienes piensan y sienten diferente.
La psicología no es solo ciencia, también es encuentro humano. Solo desde esa mirada podremos construir una psicología inclusiva, capaz de ver la diferencia como parte esencial de lo humano.

Preguntas frequentes

No. Significa que la intervención no busca “normalizar” a la persona, sino acompañarla respetando su forma de pensar y ayudándola a construir bienestar y funcionalidad en su vida diaria.

No. Reconocer la diversidad no elimina las dificultades, pero permite abordarlas sin patologizar a la persona, valorando también sus fortalezas y recursos.

NEURODIVERGENCIA Y SALUD MENTAL: una invitación a mirar distinto

En Centre Sukha exploramos lo desconocido y te ayudamos a superar los problemas con éxito aprendiendo de todo el proceso.

ISSN: 2938-1541

Psicóloga Esther Boada Martos
ISNI 0000 0005 0960 8001 | CEO at Centre Sukha

Fundadora y directora de Centre Sukha con Núm. Colegiada: 24465 por el Colegio Oficial de Psicólogos de Catalunya.

Durante su carrera profesional se ha enfocado en trabajar con diferentes problemáticas como trastornos de ansiedad, trastornos alimentarios, TDAH, bullying, problemas de conducta, traumas, problemas de autoestima etc.​ Especialidades: Psicóloga General Sanitaria · Terapeuta EMDR · Especialista en Trastornos Alimentarios y Obesidad · Especialista en TDAH (infanto-juvenil y Adultos).