Centre Sukha

“Sí, quiero”
La RAE (2024) lingüísticamente define el consentimiento como “en los contratos, conformidad que
sobre su contenido expresan las partes”. La OMS (2006) concreta, en el ámbito de la salud sexual, la posibilidad de tener experiencias sexuales placenteras y seguras, libres de toda coacción, discriminación y violencia.

                                                     ¿Qué tan lejos se encuentra el consentimiento de ser sinónimo de tolerar?

                                                                                  ¿De estar medio convencido? ¿De ceder?

                 ¿Dónde se ubica el deseo y el placer intrínseco del acto si no es en el centro del propósito del encuentro sexual?

A veces, sí es sí

“Por ahora, sí quiero”

¿Cuánto tiempo dedicamos a averiguar si queremos o no hacer algo? ¿A preguntarnos el para qué lo queremos y de qué manera? Más que nunca, apreciamos la prisa y el “ya mismo”, aunque parar sea indispensable para tomar distancia, plantear dudas y deducciones y tomar decisiones.
No paramos. A veces, no parar es una decisión que se va tomando sobre la marcha. Porque parar, quizá, implica “echarse atrás”, arruinar el momento, “decepcionar” o romper la espontaneidad.
“Que todo fluya y que nada influya”, nos dicen.
Saber desde dónde damos el “Sí” suele ser complejo y hasta aterrador, porque ¿qué es lo que busco del sexo si no es sexo? ¿Y qué siento que me falta si no lo tengo?

Escucharnos y escuchar a nuestro cuerpo será la clave para llegar a ello.

“Cuida de mi Sí”

Ese “Sí”, que abarca tanto en tan poco, es una gran responsabilidad para la persona que lo da y para la que lo recibe. Para la persona que lo ofrece representa, a priori, una disposición, una apertura a la experiencia, una decisión; para la que lo acoge, una obligación de procurar identificar un qué, un
cómo, un desde y un hasta cuándo. ¿Tenemos la intuición tan aguda como queremos creer que la tenemos? Quedará confiar en que la comunicación, por parte de cada uno, sea lo suficientemente eficaz para evitar malentendidos.
¿Existe un “Sí” rotundo, desde la conciencia plena, sin dudas ni ningún elemento del contexto que lo
invalide parcialmente? Si solo en un mundo utópico e ideal podemos consentir voluntariamente sin una pizca de inseguridades, miedos ni sensación de descontrol, ¿qué es aquello que nos debe hacer decantarnos por el “Sí” o por el “No”? Supongamos que se establece en el querer. ¿Cómo sé si quiero?
¿Cómo sé que es deseo genuino y no un intento de sustituto de algo más emocional, o un chute de validación externa, o una búsqueda del sentir, o del dejar de hacerlo? En el nivel de autoconocimiento recaerá el peso de la decisión y de la emoción resultante de la digestión de lo acontecido.
Saber qué se quiere y qué no, para hacerlo saber.

Butler (2011) propone: “Y si el consentimiento se da a otro, o ante otro, ¿no es entonces una manera de organizar una relación social más que un acto meramente individual?”
Debería poderse afirmar, alto y claro, que el consentimiento pobre de desigualdad no se compra ni se vende, pero ¿el consentimiento se pide? ¿Se negocia para conseguirlo? O, por el contrario, ¿es ético aceptarlo siempre que nos lo entregan? Es nuestra responsabilidad, cuando percibimos que el “Sí” que nos regalan se encuentra sesgado o emborronado, dar a cambio un “No”. ¿El tener certeza de que, si para la otra persona la mayor recompensa del sexo no es el sexo en sí, debería bastar para reevaluar mi convicción de seguir adelante? Algo similar sucede en relaciones donde el poder, presente en todas y cada una de ellas de forma inevitable, es mucho más evidente: relaciones en contexto de desigualdad social, económica, intelectual, emocional y de género o corporal.

El riesgo de faltarle al respeto al consentimiento que nos ha sido otorgado aumenta en contextos donde la línea se encuentra más desdibujada o en los que resulta más difícil trazarla; por ejemplo, cuando estos vienen de la mano del consumo de sustancias, son más de dos las personas involucradas o las prácticas van más allá de lo vainilla. Se conocen como “zonas grises” las prácticas libres que chocan con el marco legal, denominadas así con la intención de destacar su complejidad, nunca de justificarlas.

“No me queda otra que querer”

Clara Serra (2024): “¿Por qué, cuando no somos libres para decir que no, podríamos decir un sí desde
la libertad?”

“Sé que crees que quiero, pero pregúntamelo”

A veces, el lenguaje verbal se queda corto, pero mucho más el no verbal.
El consentimiento no es un contrato con fecha de expedición, pero tampoco un “Sí” es un “Sí” para
luego, ni para todo. No puede darse por hecho, ni adoptarse como costumbre o como rutina. La
confianza de lo familiar es ágil y, a menudo, sobrevuela los límites que ya no son tan claros como en
un principio, pero jamás será excusa.
También es necesario dar lugar al mito que resulta de pensar que del deseo masculino siempre cuelga
un cartel de “disponible”, pues dicha creencia tiene un origen cultural y no biológico.
¿Es más ético insistir después del primer “No” dentro de una relación establecida que fuera de ella?
Probablemente, no, aunque esté más protegido, normalizado e integrado. ¿Se recibe igual la
insistencia de parte de tu pareja que de parte de un desconocido? Probablemente tampoco. Es aquí
donde debemos plantear que la coacción y el acoso sexual pueden darse a ambos lados de la puerta
de casa.

“Sí, Sí, Sí”

¿Decir muchos “Síes” está mal? Si la respuesta es no, ¿por qué se nos hace creer que sí? Solo a las
mujeres, por supuesto. La concepción que tenemos de una adulta deleitándose con una sexualidad de
la manera en la que ella desea y se siente cómoda, no podría estar más rodeada de juicios, etiquetas
despectivas y violencia. Ni somos un BMW con kilometraje de entrega ni muñecas de porcelana con
un body count “demasiado” alto. Nuestro cuerpo tiene el valor justo de un cuerpo, no el establecido
por la cantidad de disfrute ajeno capaz de generar.

“Entonces… depende”

Depende porque resulta inabarcable y arrogante creerse con derecho a formular una respuesta
concreta para cada una de las posibles situaciones que pueden darse o podrían darse.
Pregúntate mucho. Haz por conocerte al máximo: tus valores, tus tiempos, tus ganas, tus límites…
Edúcate todo lo que puedas, del modo que puedas. Forma tus propias opiniones y referentes, y
compártelos siempre que lo consideres oportuno.
Y cuídate siempre.

Preguntas frequentes

Puedes reconocerlo cuando nace de la calma, la escucha interna y tu propio deseo. Parar y preguntarte te ayuda a elegir con claridad y confianza.

Sí, es completamente válido y saludable revisarlo en cualquier momento. Ajustar límites demuestra autocuidado y favorece una comunicación más segura.

El consentimiento: solo a veces, sí es sí

En Centre Sukha exploramos lo desconocido y te ayudamos a superar los problemas con éxito aprendiendo de todo el proceso.

ISSN: 2938-1541

Psicóloga Esther Boada Martos
ISNI 0000 0005 0960 8001 | CEO at Centre Sukha

Fundadora y directora de Centre Sukha con Núm. Colegiada: 24465 por el Colegio Oficial de Psicólogos de Catalunya.

Durante su carrera profesional se ha enfocado en trabajar con diferentes problemáticas como trastornos de ansiedad, trastornos alimentarios, TDAH, bullying, problemas de conducta, traumas, problemas de autoestima etc.​ Especialidades: Psicóloga General Sanitaria · Terapeuta EMDR · Especialista en Trastornos Alimentarios y Obesidad · Especialista en TDAH (infanto-juvenil y Adultos).